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EL PROCESO INFECCIOSO EN LOS PECES


El proceso infeccioso en los peces de acuario, y en todos los peces en general, es el resultado entre la respuesta del sistema inmunológico del animal y la eficacia del organismo patógeno. Para comprender este proceso en profundidad se debe tener en cuenta, en primer lugar, como se desarrolla la resistencia ante los organismos infecciosos. Esto se analiza en los apartados:

La eficacia en la defensa del organismo se puede atenuar hasta que la infección del agente patógeno consigue eliminar cualquier resistencia. Este proceso se explica en los apartados:

Resistencia inespecífica:

Barreras de superficie:

Son de tres tipos: físicas, químicas y biológicas. En la piel de los peces la capa más dura no es la externa: en primer lugar se encuentra una capa mucosa de 1 micra de espesor, luego están las células de la cutícula (que, cuando se produce una lesión, migran para reemplazar las células dañadas) y después las escamas. Las mucosas de los órganos internos son menos resistentes a las infecciones que la mucosa de la piel. En las mucosas existen moléculas antimicrobianas, como la lisozima y la proteína C-reactiva, y en la mucosa digestiva, además, se ha encontrado quitinasa. En la piel también existe la flora bacteriana, que es diferente en animales sanos y enfermos.

Sustancias antimicrobianas:

Se encuentran en los tejidos y humores, y por sí solas, o en conjunto con los anticuerpos (complemento), se comportan como antimicrobianos. Entre éstos se encuentran la lisozima, que elimina bacterias gram+. La proteína C-reactiva, que reacciona con moléculas como carbohidratos y ésteres fosforilados de la envoltura bacteriana y la transferrina y lactoferrina, moléculas que se unen al Fe+3, impidiéndo su utilización por las bacterias.

Fagocitos:

Son células que se encuentran en los tejidos y humores, y que fagocitan cualquier tipo de organismo o partícula de manera inespecífica y sin necesidad de un estímulo. La células fagocitarias son: Los macrófagos (los más eficientes), los neutrófilos y los melanomacrófagos. El encuentro de estas células con los antígenos ocurre en los elipsoides isplénicos, en las células retículo-endoteliales del tejido hematopoiético renal y en los espacios intermusculares del atrio del corazón.

Inflamación:

Es la dilatación de los capilares y el cambio de la permeabilidad de las paredes de los mismos, con el consiguiente aumento del número de fagocitos y antimicrobianos. La inflamación en los peces es más lenta, menos intensa y más delimitada que en los mamíferos.


Resistencia específica:

Respuesta inmunológica:

La respuesta específica del sistema inmunológico se debe a diferentes tipos de celulas que se denominan Linfocitos. Estos poseen características de diversidad, especificidad y memoria. Los principales órganos linfoides (productores de linfocitos) son el bazo, el timo, el riñón y los acúmulos linfodes intestinales (GALT). La captación de los organismos patógenos por los linfocitos ocurre en los elipsoides del bazo y probablemente en el riñón y es llevada a cabo por macrófagos, linfocitos B y linfocitos T. No se sabe de la existencia de subpoblaciones de linfocitos T.

Inmunidad humoral:

Da protección ante los patógenos extracelulares y sus toxinas. Dependiendo del tipo de pez, puede desarrollarse a edades muy tempranas. El único tipo de Ig descrito es similar a la IgM de los mamíferos y se encuentra en la sangre, la linfa, los fluidos de los tejidos, el moco y las mucosas. En estas últimas parece que se genera localmente, como la IgA de los mamíferos. Da protección contra patógenos como los virus IPNV, IHNV, VHSV, por inmunización pasiva. Puede ser que esta Ig presente alguna diversidad estructural (V. I. I. 1986, 12:7-12).

En este proceso inmunológico existe una respuesta humoral primaria y secundaria, con diferencias importantes en comparación a la respuesta humoral de los mamíferos, sobretodo en cuanto a la cinética de la aparición de los anticuerpos específicos. Además, depende de la temperatura, tipo y naturaleza del antígeno, dosis antigénica y ruta de administración.

La síntesis de Ig depende de la temperatura, y en cada especie hay una temperatura por debajo de la cual no se sintetizan Ig.

También, existe memoria positiva tras un segundo encuentro con el antígeno, y ésta es más débil que la de los mamíferos.

Inmunidad debida a células:

Linfocitos, células fagocíticas y moléculas efectoras. Esta inmunidad madura muy rápidamente y es importante frente a patógenos que viven y se multiplican en las células del hospedador.

Respuesta inducida no específica:

- Síntesis del aINF como respuesta a las infecciones víricas.

- Síntesis de interluquina por linfocitos T, y que estimulan a los fagocitos.

- También hay moléculas de origen externo, como el muramil dipéptido, inmunomodulador activo en los salmónidos.

Factores que afectan la resistencia:

Distintos factores del medio ambiente pueden causar estrés en los peces por la producción de corticoesteroides, que reducen su sistema inmunológico. Entre ellos pueden nombrarse la anoxia, la infección, el sobresalto, la competencia, el agotamiento, la anestesia, etc.

Cambios de temperatura:

Temperaturas por debajo de la óptima rebajan, retrasan e incluso suprimen la respuesta inmunológica. Temperaturas superiores a la óptima causan estrés e inmunosupresión. Además, existe la respuesta diferencial de algunos patógenos a la temperatura.

Calidad del agua:

En el agua contaminada, los contaminantes químicos alteran las barreras externas, especialmente la mucosa de las branquias; y aumentan el estrés. Esto puede causar ulceraciones, falta de oxígeno, etc. Y pueden ser un preliminar para la infección activa.

Alimentación deficiente:

Puede causar un descenso en la calidad del agua, por acumulación de tóxicos o materia orgánica no utilizada. Ademas, propicia lesiones de la piel y patologías internas.

- Cambios en la salinidad del agua.

- Infecciones recurrentes.

- Resistencia genética:

Existen individuos más vigorosos que otros, lo que parece deberse a una heterocigosis múltiple, generalmente triploidía, que provoca un incremento en la tasa de crecimiento y la actividad metabólica.

Cuando en el entorno hay un solo hospedador para un patógeno primario u obligado, los individuos normales de la especie son relativamente resistentes, y el patógeno tiene una virulencia atenuada.

Factores que afectan a la virulencia del patógeno:

Entrada del patógeno:

Lo hacen a través de la piel, las branquias o la mucosa digestiva y, por tanto, deben tener la capacidad de unirse a las mucosas y de invadirlas. Esto lo logran gracias a las adhesinas.

Crecimiento en el hospedador:

Los parásitos extracelulares no pueden crecer en los humores corporales, por la falta de hierro utilizable.

Estimulación de respuesta inmune:

Hay patógenos que causan inmunosupresión, otros que resisten la actividad bactericida complementaria y algunos que eliminan a los fagocitos o se multiplican en ellos.

Daños al hospedador:

Pueden matar a las células o dañarlas considerablemente, producir toxinas o la producción de reacciones crónicas de inflamación.

Modos de transmisión

Transmisión horizontal:

La infección del individuo ocurre por la liberación del patógeno desde otro individuo enfermo, a través de heridas, mucosas, ingestión, contacto directo o con vectores. Las mucosas son una habitual entrada de los patógenos, especialmente las branquias, la línea lateral y el tramo final del tubo digestivo. Menos frecuente es la transmisión por ingestión.

Transmisión vertical:

Es la transmisión desde el patógeno (importante en la transmisión de virus) a su descendencia y se da intracelularmente o por contaminación externa. De ella resultan muchos portadores asintomáticos.

Patología del proceso infeccioso:

En general, los peces más jóvenes y algunos órganos, son más sensibles a las infecciones. La piel, las branquias y los ojos, son más susceptibles, al igual que el tejido hematopoyético.

Los órganos externos infectados se pueden diferenciar fácilmente de los sanos. En cambio, los internos no se pueden observar. La evidencia de una infección de órganos internos es el aumento de mortalidad en la población.

Existen otros síntomas más o menos generales, como son:

Estos síntomas no permiten distinguir el agente causante.

Las manifestaciones más frecuentes del daño de los órganos internos, son:

Inflamación:

Es un indicador de la agresión cuya función es mantener la integridad del tejido infectado. Se produce por infiltración de los neutrófilos, monocitos, linfocitos y trombocitos. Es inespecífica: se produce ante daños de tipo traumático, agentes químicos o patógenos. Si es persistente o muy intensa, puede causar daño por sí misma.

Necrosis:

La producen patógenos intracelulares, toxinas citotóxicas o las mismas células del sistema inmunológico. Existen distintos tipos de necrosis (de licuefacción, de coagulación y grasa) y la mejor manera de verla es observando el estado del núcleo celular. Al microscopio se puede ver el núcleo de forma irregular sobre un fondo amorfo y pálido brillante.

Hemorragia:

Afectan, principalmente, al corazón, la vejiga natatoria, el tracto gastrointestinal, el músculo esquelético y el hígado.

Infecciones persistentes:

Una infección persistente es una infección aguda que se produce cuando, mientras el patógeno se incuba y se disemina, el sistema inmune se activa, de manera que con la aparición de los síntomas, el patógeno desaparece. En el caso de una infección persistente, que pueden durar meses o años, puede no haber síntomas de la misma.

La infección persistente se puede clasificar en dos tipos: la primera, que no causa mortalidad, pero se manifiesta patológicamente, y las segunda, que no se manifiesta (necrosis erocítrica vírica VEN) y genera portadores aparentemente sanos (IPNV, VHSV, IHNV). Los portadores son los diseminadores de la enfermedad por su gran movilidad y desplazamiento a lo largo de su vida. Además, pueden desarrollar la enfermedad si se produce un decaimiento de su sistema inmunológico.

 

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